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    Camionetas de gas: testigos de su uso

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    ¿Hubo testigos oculares que declarasen que los nazis usaron camiones de gas para asesinar judíos en Chelmno y a lo largo del frente oriental? ¿Esos testimonios eran confiables? 

    Los negacionistas del Holocausto argumentan lo siguiente:

    La declaración de los testigos oculares sobre el uso de los camiones de gas, así fuera en Chelmno o por parte de las unidades Einsatzgruppen, no es más que una “conglomeración desenfrenada de afirmaciones contradictorias” y “no tiene valor probatorio”. Por lo tanto, los camiones de gas nunca existieron[1].

    Los hechos son:

    Hubo muchos testigos oculares durante el diseño, la construcción y la utilización de los camiones de gas. Entre ellos, se encuentran los conductores, los jefes de las unidades Einsatzgruppen que los usaban y, por último, los transeúntes y sobrevivientes del frente oriental y del campo de la muerte de Chelmno. Aunque los testimonios presentan leves variaciones, como suele ocurrir con las declaraciones de testigos oculares, todos concuerdan en los puntos importantes. Además, los documentos primarios corroboran los testimonios. 

    ¿Quién describió los camiones de gas y su utilización?

    Entre los testigos, se encuentran los jefes de las unidades Einsatzgruppen, conductores de los vehículos, sobrevivientes y transeúntes.

    La declaración de los testigos oculares sobre la existencia de los camiones de gas:

    La descripción general de los camiones de gas concuerda en todos los testimonios. El exterior se asemejaba a un camión de reparto normal, de color gris oscuro o gris verdoso. Las puertas traseras del espacio de carga tenían bordes de goma y se cerraban herméticamente. El interior de esta sección estaba recubierto de hierro galvanizado. El piso tenía una rejilla o esqueleto de madera que se podía levantar para realizar la limpieza, por debajo de la cual había una abertura conectada con el motor para que los gases de escape llegaran al compartimiento. Los camiones más pequeños tenían una capacidad de 30-50 personas; los más grandes podían albergar entre 50 y 70 individuos.

    ¿Cuándo y dónde nos enteramos por primera vez sobre la existencia de los camiones de gas?

    En 1942 surgieron las primeras pruebas sobre el uso de los camiones de gas. Shlomo Winer (también conocido como Jacob Grojanowski) fue un miembro del Sonderkommando en el campo de la muerte de Chelmno[2]. Escapó a principios de 1942 y se abrió camino hasta llegar al gueto de Varsovia, donde le describió en detalle lo que había visto a Hersh Wasser, perteneciente al Oneg Shabbat[3]. En su exposición, indicó:“No tuvimos que esperar mucho hasta que llegara el próximo camión con víctimas nuevas. Se lo había construido especialmente. Parecía un camión grande normal, con pintura gris y dos puertas traseras cerradas herméticamente. Las paredes internas eran de acero. No tenía asientos. El piso está cubierto con una rejilla de madera, como en los baños públicos, y estera de paja encima. Entre la cabina del conductor y la parte trasera había dos mirillas. Con una linterna, se podía observar por ellas si las víctimas ya estaban muertas. Debajo de la rejilla de madera, había dos tubos de unos 15 cm [centímetros, unas 6 pulgadas] de grosor, que salían de la cabina. Los tubos tenían orificios desde donde salía el gas… Había dos camiones así”.”[4] Del gueto de Varsovia, Grojanowski escapó hacia el de Zamosc. Al parecer, lo deportaron por segunda vez, desde Zamosc hacia Belzec, donde fue asesinado.

    Pruebas de la existencia de camiones de gas en el frente oriental:

    El uso de los camiones de gas fue registrado en los juicios soviéticos de 1943 y por la Comisión Extraordinaria del Estado Soviético para la Investigación de Crímenes de Guerra en 1944. Por ejemplo, Mendel Vulfovich, un judío de Riga, dio testimonio el 9 de diciembre de 1944 ante esa comisión:“En febrero de 1942, vi con mis propios ojos cómo cargaban a 2000 judíos ancianos de Alemania, hombres y mujeres, a camiones especiales de gas. Los camiones eran de color verde grisáceo y tenían un gran compartimiento de carga cerrado, con puertas cerradas herméticamente. Todos los que estaban dentro murieron por el gas”.[5]

    Un hombre llamado Kotov llegó a sobrevivir el operativo de un camión de gas en el Cáucaso (una región en la linde entre Rusia y Turquía). “Cuando entré en el patio, vi un gran camión con una carrocería de color gris oscuro”. A Kotov lo agarraron y empujaron hacia el camión, dentro del cual hizo lo posible por respirar a través de una camisa mojada. Finalmente se desmayó para luego despertarse en una zanja con varias decenas de muertos. Gateó hasta escaparse y sobrevivió a la guerra.[6] (Juicios de Krasnodar/Kharkov en la Unión Soviética, 1943)

    A mass grave in the former extermination camp of Chełmno nad Nerem, Poland.
    De Jacques Lahitte (obra propia) [CC BY 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/3.0)], a través de Wikimedia Commons

    Los camiones de gas y los juicios posguerra a los alemanes:

    Durante las décadas de 1950 y 1960, los juicios de posguerra analizaron el uso de camiones de gas en el campo de la muerte de Chelmno y a lo largo del frente oriental. Estos juicios se llevaron a cabo en numerosas ciudades alemanas, entre ellas, Düsseldorf, Hamburgo, Darmstadt, Hannover, Múnich, Coblenza, Essen, Karlsrühe, Wuppertal, Colonia, Giessen, además de otras ciudades de Alemania Occidental. Son contundentes las pruebas surgidas de los numerosos juicios, que demuestran la existencia de los camiones de gas.

    Willi Friedrich, guardia en una prisión en Kharkov en los territorios soviéticos ocupados, atestiguó: “Desde febrero hasta mayo de 1942, fui responsable… de las medidas necesarias de acordonamiento para los operativos de los camiones de gas… No sé dónde estaba apostado el camión. Pero recuerdo haberlo visto varias veces… El camión parecía un gran camión de mudanzas”.[7] (Juicio en Darmstadt, Alemania Occidental, 1967)

    Wilhelm Findeisen trabajó en el Einsatzgruppe C como conductor de un camión de gas en Kiev, Ucrania. Declaró: “Mi trabajo solo consistía en conducir el vehículo… Se cargaba a unas cuarenta personas. Había hombres, mujeres y niños… Luego, se atornillaba la puerta del camión y se conectaba la manguera… Yo debía conducir por la ciudad hasta las zanjas antitanques. Allí se abrían las puertas del vehículo… Los cadáveres se arrojaban en las zanjas antitanques”.[8] (Juicio en Darmstadt, Alemania Occidental, 1967)

    Robert Mohr, jefe del Einsatzkommando 6, testificó sobre sus actividades en Stalino, Ucrania (actual Donetsk): “Solo vi el exterior del camión de gas del Sonderkommando… era un vehículo grande de color gris que parecía un camión de mudanzas. No tenía ventanas”.[9] (Juicio en Wuppertal, Alemania Occidental, 1962)

    Boris Dobin, un judío del gueto de Minsk (Bielorrusia), declaró sobre el uso de camiones de gas allí: “Se las cargaba [a las víctimas] en vehículos equipados para asesinar por medio de gases de escape. Estos vehículos tenían compartimientos completamente de metal. Los prisioneros del gueto los denominaban ‘camiones de gas”.[10] (Juicio en Essen, Alemania Occidental, 1964)

    Hedwig Schönfein, una mujer suiza que se había casado con un doctor judío, fue recluida con su marido en el campo de Semlin en Belgrado, antigua Yugoslavia. El 8 o 9 de mayo de 1942, se llevaron a su esposo en un camión de gas. Ella se salvó porque no era judía. Tiempo después, declaró ante un tribunal yugoslavo que “se llevaban a los convoyes en un gran camión cerrado herméticamente, pintado de color gris oscuro. Entraban cien personas de pie. No había asientos.”[11] (Juicio en Colonia, Alemania Occidental, 1952)

    Por lo tanto, los perpetradores, sobrevivientes y transeúntes por igual, de Kharkov (Unión Soviética), Kiev (Crimea), Stalino (Ucrania), Chelmno (Polonia), Poltava (Ucrania central), Baranovichi (Bielorrusia), Minsk (Bielorrusia), el Cáucaso (Unión Soviética), Belgrado (Yugoslavia) y Riga (Letonia) describieron vehículos similares; las únicas variaciones residen en los detalles menores.

    Conclusión:

    Las declaraciones de testigos oculares, tanto de perpetradores como de sobrevivientes y transeúntes, se corroboran entre sí en todos los puntos importantes. Los camiones de gas existieron; los nazis y sus colaboradores los usaron para asesinar judíos y otros grupos en el campo de la muerte de Chelmno y en el frente oriental.

    NOTAS

    [1] Ingrid Weckert, “The Gas Vans: A Critical Assessment of the Evidence”(“4.1. Russian ‘Murder vans’”) y (“4.2.2. Description of the ‘Gas vans’”) en http://www.vho.org/GB/Books/dth/fndwagon.html.

    [2] Jacob Grojanowski era un seudónimo. Como fueron varios los hombres que escaparon de Chelmno, se ha entablado un largo debate sobre su identidad real. Algunos aseguran que su nombre real era Szlamek Bajler. (Véase “Szlamek Bajler, also known as Yakov Grojanowski: Notes on the Chelmno Waldlager, January 1942”, p. 2/8 en http://www.deathcamps.org/occupation/bajler.html). Otros consideran que ha quedado claro, sin lugar a dudas, que su identidad real era Shlomo (o ‘Szlamek’) Winer. (Véase el debate en el trabajo de Jonathan Harrison, Robert Muehlenkamp, Jason Myers, Sergey Romanov y Nicholas Terry, Belzec, Sobibor, Treblinka: Holocaust Denial and Operation Reinhard. A Critique of the Falsehoods of Mattogno, Graf and Kues, pp. 46-47 en http://holocaustcontroversies.blogspot.com/2011/12/belzec-sobibor-treblinka-holocaust.html, donde se cita a Przemyslaw Nowicki en ‘Zanim “przybył z zaświatów”, nazywał się Winer. Krag rodzinny i konspiracyjny Szlamka, uciekiniera z ośrodka zagłady w Chełmnie nad Nerem, Zagłada Zydow, 2009, pp. 162-192).

    [3] Oneg Shabbat (en hebreo) u Oyneg Shabbes (en yidis) era el nombre en clave de un grupo liderado por el Dr. Emanuel Ringelblum, historiador judío, en el gueto de Varsovia. Estaba conformado por historiadores, escritores, rabinos y trabajadores sociales. Se dedicaba a hacer la crónica de la vida en el gueto: recopilaban documentos y testimonios, ensayos, diarios, dibujos, carteles y otros materiales que describieran la vida allí. La colección comenzó en septiembre de 1939 y terminó en enero de 1943. Antes de que se liquidara el gueto, el material se enterró en tres latas de leche y diez cajas de metal, en tres ubicaciones separadas. Se encontraron dos latas de leche en 1946 y las diez cajas en 1950. El tercer alijo todavía no se ha descubierto. Gracias a los dos hallazgos, la colección incluye unos 6,000 documentos y está archivada en el Instituto Histórico Judío, en Varsovia.

    [4] Martin Gilbert, The Holocaust: A History of the Jews of Europe during the Second World War (Holt, Rinehart y Winston, 1985), p. 255. Se puede leer el informe completo en inglés en las páginas 252-279.

    [5] Eugen Kogon, Hermann Langbein y Adalbert Rückerl, editores, Nazi Mass Murder: A Documentary History of the Use of Poison Gas (Yale University Press, 1993), p. 57.

    [6] Eugen Kogon, Hermann Langbein y Adalbert Rückerl, editores, Nazi Mass Murder: A Documentary History of the Use of Poison Gas, p. 67.

    [7] Eugen Kogon, Hermann Langbein y Adalbert Rückerl, editores, Nazi Mass Murder: A Documentary History of the Use of Poison Gas, pp. 61-62.

    [8] Eugen Kogon, Hermann Langbein y Adalbert Rückerl, editores, Nazi Mass Murder: A Documentary History of the Use of Poison Gas, p. 62.

    [9] Eugen Kogon, Hermann Langbein y Adalbert Rückerl, editores, Nazi Mass Murder: A Documentary History of the Use of Poison Gas, p. 63.

    [10] Eugen Kogon, Hermann Langbein y Adalbert Rückerl, editores, Nazi Mass Murder: A Documentary History of the Use of Poison Gas, p. 59-60. Véase también p. 77.

    [11] Eugen Kogon, Hermann Langbein y Adalbert Rückerl, editores, Nazi Mass Murder: A Documentary History of the Use of Poison Gas, p. 71. Véase también pp. 61-62.