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    Operación Reinhard y las cámaras de gas: el diseño de las cámaras de gas

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    ¿Qué sabemos sobre el diseño de las cámaras de gas de los campos de la muerte de la Operación Reinhard (Treblinka, Belzec y Sobibor)?

    Los negacionistas del Holocausto argumentan lo siguiente:

    Los alemanes eran excelentes constructores e ingenieros. En consecuencia, según los negacionistas, no habrían construido las cámaras de gas tan mal diseñadas e ineficientes que describen los testigos. Por lo tanto, estas cámaras de gas nunca existieron.[1]

    Los hechos son:

    Aunque queda poca evidencia física de las cámaras de gas en los campos de la muerte de Treblinka, Belzec y Sobibor, hay un sinnúmero de pruebas testimoniales, tanto de sobrevivientes como de perpetradores, que describen el diseño y el uso de las cámaras de gas. A partir de estas pruebas, queda claro que los diseños cambiaron con el tiempo, y fueron cada vez más eficientes.

    Hechos sobre el diseño de las cámaras de gas en Treblinka, Belzec y Sobibor:

    El diseño de los edificios con las cámaras de gas en los campos de la Operación Reinhard evolucionó a medida que los alemanes refinaron el proceso de asesinato en masa.

    Las primeras cámaras de gas:

    El primer diseño contaba con un pasillo a un lado del edificio y tres salas de cámaras de gas que se desprendían de este. Yankiel Wiernik, sobreviviente de Treblinka, describe el primer edificio con las cámaras de gas de la siguiente manera:

    Cuando llegué al campo, ya estaban en funcionamiento tres cámaras de gas… Una cámara medía 5 x 5 m [16 x 16 pies] y alrededor de 1.90 m [6 pies] de alto… Estaba equipada con una entrada de tubería de gas y un piso de loseta cocida, inclinado hacia la plataforma. Una pared de madera separaba el Campo I del edificio de ladrillo que contenía las cámaras de gas. Juntas, la pared de madera y la de ladrillo formaban un corredor que era 80 cm [31.5 in] más alto que el edificio. Las cámaras se conectaban con el corredor mediante una puerta de hierro y con cierre hermético que dirigía a cada una de las salas… Se conducía a las víctimas hacia las cámaras a través de las puertas que daban al corredor, mientras que los restos de los gaseados se arrastraban a través de las puertas que daban al Campo II.[2]

    Este diseño no era exclusivo de Treblinka. Erich Bauer, el Gasmeister (“maestro de gas”) de Sobibor, describió un edificio similar en ese campo: “Cuando llegamos…[l]a cámara de gas ya se había erigido, un edificio de madera con una base de concreto, de un tamaño similar al de este tribunal, pero mucho más bajo, tan bajo como una casa normal. Había dos o tres cámaras, frente a las cuales había un corredor…”.[3]

    Los primeros edificios con las cámaras de gas demostraron rápidamente ser muy pequeños, por lo que se los rediseñó para que fueran más grandes, más eficientes y con una apariencia más engañosa.

    El diseño de las segundas cámaras de gas:

    Las nuevas cámaras de gas contaban con un vestíbulo en el medio de un largo edificio rectangular. Las salas de las cámaras de gas se conectaban a este vestíbulo central. Los testimonios de testigos varían respecto del total de salas que había: entre seis y diez. Cada sala medía unos cinco metros por seis u ocho metros (unos 16 x 20 o 26 pies).

    Rudolf Reder, sobreviviente de Belzec, describió el segundo edificio con cámaras de gas en ese campo:

    Los escalones llevaban a un corredor totalmente vacío, sin luces: solo cuatro paredes de cemento. Era muy largo, aunque solo de un metro y medio [5 pies] de ancho. En ambos lados, había puertas hacia las cámaras de gas… Las cámaras de gas no tenían ventanas… Paredes y pisos por igual estaban hechos de cemento. Ni el corredor ni las cámaras de gas medían más de 2 m [6.5 pies] de altura.[4]

    La importancia del engaño en el proceso del asesinato:

    Los alemanes hicieron todo lo posible por aplacar el desorden o la rebelión de los judíos al presentar los edificios con las cámaras de gas como inofensivas instalaciones de ducha.

    Kurt Bolender, un guardia de las SS en Sobibor, atestiguó este hecho: “Antes de que los judíos se desvistieran, el oberscharführer Hermann Michel [subcomandante del campo] pronunciaba un discurso… Michel les anunciaba a los judíos que serían enviados a trabajar. Pero, antes de eso, tenían que tomar baños y someterse a la desinfección para evitar la propagación de enfermedades…”.[5]

    Erich Fuchs, un guardia de las SS en Belzec, declaró lo mismo: “En las cámaras de gas, instalé cabezales de duchas. Las boquillas no estaban conectadas a ninguna tubería de agua porque solo eran camuflaje para la cámara de gas. A los judíos que serían gaseados les parecería que se los estaba llevando a los baños para su desinfección”.[6]

    En Treblinka, el edificio con las cámaras de gas quizás ni siquiera haya tenido una puerta de entrada al vestíbulo central. Avraham Lindwasser, que declaró en el juicio contra Eichmann el 6 de junio de 1961, recordó: “Vi una gran cortina en la entrada hacia las cámaras grandes, una cortina usada para cubrir el Hejal que contenía los pergaminos de la Torá y llevaba inscripto el Escudo de David. Sobre la cortina, estaba la inscripción: ‘Esta es la puerta de Jehová; por ella entrarán los justos’… era de dimensiones bastante grandes. Medía tres por cuatro metros [10 x 13 pies]…”.[7] Wilhelm Pfannensteil, un físico e higienista alemán que visitó Belzec y Treblinka, también describió el exterior específicamente inocuo de las cámaras de gas en Belzec:

    El centro de exterminio completo parecía una institución normal de despioje. En el frente del edificio, había macetas con geranios y un cartel que leía “Fundación Hackenholt”, sobre el cual había una estrella de David. El edificio estaba pintado de colores agradables y brillantes, para no dar la impresión de que se asesinarían a personas allí. Por lo que vi, no creo que los individuos recién llegados tuvieran idea alguna de lo que estaba por sucederles.[8]

    Wilhelm Pfannenstiel. By U.S. Army [Public domain], via Wikimedia Commons.
    Wilhelm Pfannenstiel. Del Ejército de los EE. UU. [dominio público] a través de Wikimedia Commons

    Rudolf Reder, el único sobreviviente de Belzec, también describió este diseño de aspecto inocente:

    En el pequeño patio, se subía por unos escalones hasta la puerta de entrada, por encima de la cual había un cartel que decía “Bade und Inhalationsraeume”, así como una gran cesta de flores, lo que hacía que de verdad pareciera la entrada a un balneario medicinal.[9]

    Pavel Leleko, un guardia ucraniano de Treblinka, confirmó el aspecto engañoso de las cámaras de gas: “Había largos canteros con flores. No había puerta en la entrada. En cambio, había una pesada cortina hecha de un tapete”.[10]

    Erich Bauer, el Gasmeister (“maestro de gas”) de Sobibor, describió las iniciativas generalmente exitosas para calmar las sospechas de las víctimas: “Resultaba bastante sorprendente la falta de conciencia de los judíos sobre su muerte inminente. Rara vez había algún tipo de resistencia. Solo empezaban a sospechar una vez que habían entrado en la cámara de gas. Pero, para ese momento, ya no había vuelta atrás… Las puertas se cerraban herméticamente y comenzaba de inmediato el procedimiento de gaseo”.[11]

    “Denierbud” y el diseño “mejorado” de las cámaras de gas:

    Según un negacionista estadounidense del Holocausto y creador de videos de YouTube, bajo el pseudónimo de “Denierbud” (“el amigo negacionista” en inglés), si los edificios con las cámaras de gas hubieran existido, los alemanes hubieran creado dos grandes salas sin vestíbulo central. Cada una de las grandes salas se habrían equipado con sus propias puertas dobles.[12] Las especulaciones de Denierbud son completamente teóricas e improbables.

    De hecho, sus “mejoras” habrían dificultado el proceso y disminuido su eficiencia. En primer lugar, se habría requerido más tiempo para llenar de gases de escape tóxicos uno o dos espacios grandes, lo que hubiera prolongado el lapso necesario para matar a las víctimas. Según los registros históricos, es evidente que los nazis llegaron a analizar las desventajas de usar salas más grandes. En Auschwitz-Birkenau, Wladyslaw Girsa, un prisionero político polaco, ayudó a construir tabiques divisorios en las salas grandes de las cámaras de gas y crematorios II y III. Según su testimonio, esto tenía por fin “reducir la gran capacidad de la cámara cuando se gaseaban grupos más pequeños. Esta solución técnica para las cámaras de gas permitía a los alemanes ahorrar Zyklon”.[13]

    En segundo lugar, una vez que las pequeñas salas se atiborraban de víctimas, y se cerraban las puertas, no tenían posibilidad de resistirse a su destino. Con salas más grandes, si el engaño llegaba a desmoronarse, los disturbios habrían sido mucho más difícil de contener.

    En tercer lugar, Denierbud alega que los vestíbulos de los campos de la Operación Reinhard habrían restringido el flujo de personas, por lo que los guardias apostados habrían estado en peligro. Históricamente, lo opuesto es cierto: el vestíbulo interno permitía que un mero puñado de guardias dirigiera el flujo de víctimas con mucha mayor facilidad. A medida que se llenaban las habitaciones más lejanas a la entrada, se podían trabar las puertas y remover todo riesgo de disturbios. Entonces, los guardias podrían recorrer el vestíbulo hacia el otro grupo de salas y repetir el proceso sistemáticamente hasta que todas las habitaciones estuvieran llenas. Chil Rajchman (también conocido como Henryk Reichman), sobreviviente de Treblinka que trabajó en la sección de exterminio, describió exactamente este proceso sistemático. Declaró: “Se atiborraba las salas de personas como si fueran sardinas. Cuando una cámara estaba llena, se abría la segunda, y así sucesivamente”.[14]

    Colocar puertas dobles ante grandes salas podría haber resultado menos amigable que el diseño de “baños públicos” que los alemanes terminaron construyendo. Era de suma importancia que las víctimas siguieran engañadas hasta que se las encerrara en las salas de las cámaras de gas.

    Conclusión:

    Realísticamente, las especulaciones sobre lo que los alemanes deberían haber hecho no aporta ni sirve de nada. Las conjeturas no tienen valor de evidencia. Por el contrario, a partir de los mismos testigos, queda claro que los nazis invirtieron esfuerzos considerables al analizar el diseño de los campos de la muerte.

    NOTAS

    [1] Véase “One Third of the Holocaust” en http://www.youtube.com/watch?v=taIaG8b2u8I, aproximadamente entre los 54:00 y 57:00 minutos.

    [2] Yankel Wiernik, A Year in Treblinka, “Chapter 5”, en http://www.zchor.org/treblink/wiernik.htm.

    [3] Jules Schelvis, Sobibor: A History of a Nazi Death Camp (Berg en asociación con el Museo Conmemorativo del Holocausto en Estados Unidos, 2007), p. 101.

    [4] Rudolf Reder, “Belzec”, en Polin: Studies in Polish Jewry, vol. 13 (“Focusing on the Holocaust and its Aftermath”), editado por Antony Polonsky (Littman Library of Jewish Civilization, 2000), pp. 268-289 (véase p. 275).

    [5] Jonathan Harrison, Robert Muehlenkamp, Jason Myers, Sergey Romanov y Nicholas Terry, Belzec, Sobibor, Treblinka: Holocaust Denial and Operation Reinhard. A Critique of the Falsehoods of Mattogno, Graf and Kues, pp. 290 que cita a Belzec-Oberhauser, Banda 7, 1320-1321 en http://holocaustcontroversies.blogspot.com/2011/12/belzec-sobibor-treblinka-holocaust.html. Seleccionar Google Docs, Rapidshare o Archive.org para obtener una versión en PDF (en inglés). Véase también Yitzhak Arad, Belzec, Sobibor, Treblinka: The Operation Reinhard Death Camps (Indiana University Press, 1987), p. 74.

    [6] Jonathan Harrison, Robert Muehlenkamp, Jason Myers, Sergey Romanov y Nicholas Terry, Belzec, Sobibor, Treblinka: Holocaust Denial and Operation Reinhard. A Critique of the Falsehoods of Mattogno, Graf and Kues, p. 282 que cita a Erich Fuchs, 2 de marzo de 1963, BAL 162/208 AR-Z 251/59, Bd. 9, 1782-1783. Véase también sobre diseño: “The Interrogation of Pavel Vladimirovich Leleko”, los Protocolos Soviéticos, 20 de febrero de 1945 en http://www.nizkor.org/hweb/people/l/leleko-pavel-v/leleko-001.html. Las palabras exactas de Leleko son que la altura de las cámaras de gas era de “unos dos a cinco-tres metros de alto”. Esto es muy confuso. Cinco metros equivalen a 16 pies, por lo que es muy probable que haya cometido un error mientras hablaba y se haya corregido a tres metros de altura, lo que dio como resultado la confusión de las palabras. Este escritor usa la cifra de 2 a 3 m (de unos 6.5 a 10 pies) como una cuestión de sentido común.

    [7] Testimonio de Abraham Lindwasser en el juicio contra Eichman en Jerusalén, del 6 de junio de 1961, en http://www.nizkor.org/hweb/people/e/eichmann-adolf/transcripts/Sessions/Session-066-08.html.

    [8] Ernst Klee, Willi Dressen y Volker Reiss, editores, “The Good Old Days”: The Holocaust as Seen by Its Perpetrators and Bystanders (Free Press, 1988), p. 241.

    [9] Jonathan Harrison, Robert Muehlenkamp, Jason Myers, Sergey Romanov y Nicholas Terry, Belzec, Sobibor, Treblinka: Holocaust Denial and Operation Reinhard. A Critique of the Falsehoods of Mattogno, Graf and Kues, p. 292 que cita a Rudolf Reder, 29 de diciembre de 1945, BAL 162/208 AR-Z 252/59.

    [10] “The Interrogation of Pavel Vladimirovich Leleko”, los Protocolos Soviéticos, 20 de febrero de 1945 en http://www.nizkor.org/hweb/people/l/leleko-pavel-v/leleko-001.html.

    [11] Jules Schelvis, Sobibor: A History of a Nazi Death Camp (Berg en asociación con el Museo Conmemorativo del Holocausto en Estados Unidos, 2007), p. 102.

    [12] Véase “One Third of the Holocaust”, aproximadamente entre los 54:00 y 55:00 minutos.

    [13] Piotr Setkiewicz, The Auschwitz Crematoria and Gas Chambers (serie Voice of Memory, n.º 6), Centro Internacional para la Educación sobre Auschwitz y el Holocausto, 2010, p. 44.

    [14] Chil Rajchman, The Last Jew of Treblinka: A Survivor’s Memory 1942-1943 (Pegasus Books, 2011), p. 65.